14/10/2019

ANÉCDOTAS TELEFÓNICAS


ANECDOTARIO TELEFÓNICO

Redacción y relato por: Santiago Padilla Castilla.

LA CHULETA SALADA

A finales de la década de los setenta prestaba mis servicios en el edificio de Benito Pérez Armas, junto a los compañeros de Transmisión y Radio, por lo que era frecuente escuchar los relatos de la aventura que suponía su diario trabajo en las estaciones, con largos desplazamientos y frecuentes incidencias.

Este trabajo y sus dificultades siempre despertaron mi curiosidad y me propuse visitar la estación de Montaña Rajada, por sus especiales  características, ya que estaba situada en las proximidades del Teide. Así se lo expuse al compañero José Luis Arboleya, rogándole que me permitiera acompañarle en alguna visita a la misma.

Después de una larga espera, un día me propone ir a la mencionada estación. Era en pleno invierno y había caído una fuerte nevada por lo cual el acceso a la estación estaba interrumpido por la nieve cerca de un kilómetro.
Había que transportar la culata del motor diesel del grupo electrógeno y, por su peso, necesitaba que cuatro personas la trasladaran a hombros caminando por la nieve.

Los “porteadores” citados para tal operación eran: El Operador de Radio Bernardo Barroso, el mecánico de grupos Antonio Baños, el Encargado de Agrupación José Luis Arboleya y yo como “artista invitado”.

A pesar que la estación disponía de raciones de comida para una emergencia, acordamos llevar unas chuletas de cochino, algunos panes y una botella de vino, por si se prolongaba la jornada. Hay que tener en cuenta que el lugar más próximo para comer, es el Parador del Teide y había que recorrer parte del camino a pie y por la nieve.

Muy temprano partimos hacia el Teide, con la culata y dos gruesos palos y cuerdas para transportar la culata con parihuela. Además, estamos equipados con ropa de abrigo y botas.

A la llegada tuvimos que dejar el jeep al comienzo de la carretera, porque la nieve nos impedía subir. Preparamos una parihuela con los palos y las cuerdas y apoyado en nuestros hombros comenzamos a subir aquel pesado “muerto”.

Después de mucho sudor,(a pesar del frio) y de muchos resoplidos, llegamos por fin a la estación y comenzamos los trabajos. Había que lijar las válvulas, mientras Antonio iba montando la culata y ese trabajo se nos asignó a los que no entendíamos de motores.

A mediodía nos dispusimos a asar las chuletas en una barbacoa existente en el patio de la estación.  Preparé el fuego y coloqué las chuletas en la parrilla, después de echarles sal, y me volví al edificio a protegerme de frío, mientras se asaban las chuletas.

Alguien, no recuerdo quién, salió a vigilar las chuletas y preguntó si le habían puesto sal. Con el ruido del motor y del viento, entendió que no, que no le había puesto sal, y volvió a echarle sal.

Cuando estuvieron asadas las chuletas, nos congregamos dentro de la estación, con un hambre y un frío tremendo y nos dispusimos a darnos el festín.

Pero al primer bocado de chuleta, nos dimos cuenta que aquello era  incomestible: estaban saladas, pero que bien saladas, más saladas que una jarea de pescado.

No hubo más remedio que lavar las chuletas en agua.

Aquel día inventamos una nueva recta culinaria: chuletas frías y desaladas, con pan y vino, al estilo Teide.

Para mas inri, había tomado unas fotos para perpetuar el viaje y estuvieron perdidas muchos años. El compañero Pepe Luis, me las pidió muchas veces, pero las puñeteras fotos no aparecían. Hace solo un par de años, logré encontrar la que acompaña estas páginas y se la envié por correo electrónico.

ANECDOTARIO TELEFONICO 2

EL PROFILACTICO

A partir del año 1975 se automatizó el servicio telefónico en toda Canarias. Con la modernización del servicio y el auge del turismo, se impulsó el negocio de los Teléfonos de Monedas o Cabinas telefónicas, como se denominaban en España. En Telefónica se crearon numerosos puestos de trabajo encaminados a instalar y conservar las mencionadas cabinas.

Su desarrollo en Canarias fue vertiginoso, especialmente tras la automatización del servicio internacional, que permitía a la población turística la comunicación instantánea con sus familiares o amigos, desde la calle y normalmente, más barata que desde su hotel.

Dada la complejidad de las cabinas y las limitaciones tecnológicas, se creó una comisión encaminada a perfeccionar y mejorar el funcionamiento de las mismas, donde estaban presentes todos los departamentos de la empresa de manera coordinada.

Pero con lo que no  contaba la Comisión era con la pillería e imaginación de los usuarios, que estaban dispuestos a inventar dispositivos o trucos para hablar gratis por las  cabinas. Así pués, estudiantes de ingeniería y amigos de lo ajenos, se pusieron manos a la obra.

Varios dispositivos se inventaron. Entre ellos, el más primitivo fue utilizar monedas de latón en sustitución de las originales.

Otro muy extendido fue el llamado chispón o encendedor de cocina, cuyos impulsos eléctricos engañaban a la memoria de la cabina, haciéndole creer que el monedero había cobrado.

También se extendió el uso de una moneda de 100 pesetas, a cuyo borde se le ataba un hilo. Cada vez que la cabina pedía que introdujera una moneda, se introducía esta y una vez que cobraba, se extraía para volver a usarla de nuevo.

Pero el truco que nos ocupa en esta anécdota, fue descubierto por casualidad. Un estudiante estaba tomando una copa, mientras charlaba animadamente con su novia. De pronto, entusiasmado por la amorosa charla, se le cayó el vaso, vertiendo el cubata sobre la cabina. Con asombro el estudiante se dio cuenta que la cabina no le cobraba y se pasó horas hablando con su “piba”.

Este hecho se divulgó entre los estudiantes, y aunque eran numerosas las cabinas que se averiaban, el truco del cubata se extendió rápidamente.

La citada Comisión se reunión de urgencia para buscar una solución. Al parecer el cubata humedecía una tarjeta de circuito impreso, situada en la parte alta de la cabina, evitando detectar los impulsos de cobro.

Se buscaron muchas maneras de impermeabilizar la tarjeta dichosa, pero los productos que se aplicaban la dañaban por el calor.

Un componente de la Comisión, en plena reunión manifestó que él había encontrado la solución y la había experimentado con óptimos resultados: colocar un preservativo, también llamado condón y más técnicamente profiláctico, sobre la dichosa tarjeta, evitando que se humedeciera con líquidos.

Imagínense las risas y vacilones del personal de la Comisión y que se acrecentaron, cuando un componente, de espíritu conservador y poco dado a mencionar semejante palabra en público,  dijo que eso era una “cochinada indecente”.

Menos mal que no se masificó el uso del citado invento, porque a que a nivel nacional se encontró una rápida solución, pero estuvo a punto de agotarse los preservativos en la isla.

ANECDOTARIO TELEFONICA 3

En el año 1965 y una vez aprobado el concurso-oposición para mecánicos de Telefónica, era preceptivo efectuar un examen médico. El citado examen lo realizaba el por entonces médico de la empresa.

Así pues, una mañana nos citaron a los tres opositores en el consultorio, situado en la Plaza de los Patos y entre otras pruebas, nos hacían la típica  de visión, consistente en leer unas letras de diferentes tamaños a una determinada distancia.

Uno de los compañeros tenía problemas de visión y estaba pendiente de graduarse la vista, por lo cual empezó a ponerse nervioso, temiendo no superar la prueba.

El médico era bastante mayor, yo diría que en edad de jubilarse y algo flojo de oído.

Así pues, nos pusimos de acuerdo el compañero y yo, de tal manera que cada vez que le señalaban una letra, a baja voz, yo le decía la letra señalada. Tal coordinación conseguimos que el compañero logró  pasar el examen de vista, sin que el médico se diera cuenta.

Eso sí, al día siguiente fue rápidamente a graduarse la vista y consiguió entrar en Telefónica

ANECDOTARIO TELEFONICO 4

LA TOMA DE TIERRA

A finales de los sesenta con la expansión de la compañía y la mejora de la reglamentación laboral, comenzaron a efectuarse los  exámenes  médicos anuales.

Al principio, la empresa  no disponía de unos servicios  médicos organizados y recurrió a contratar un médico, que en unas precarias instalaciones, realizaban los reconocimientos.

En un piso situado en la calle San José de Santa Cruz, se instaló el servicio médico de manera provisional, dotado de un  equipo de rayos x portátil.

Una de las principales pruebas era la radiografía. A los empleados que asistíamos al reconocimiento, no ponían en una habitación contigua y nos hacían pasar de uno en uno para observar el pecho con rayos X.

Yo era el tercero en la lista.

Una vez que le hizo la observación  radiológica al primer compañero, el médico comenzó a  interrogarlo con un sinfín de preguntas: que si fumaba, que si tenía antecedentes familiares de enfermedad pulmonar, que si  había tenido pulmonía etc. El muchacho salió asustado.

Con el segundo, pasó lo mismo, aunque el interrogatorio  lo hizo con mayor detenimiento e insistencia aún.

Nosotros nos mirábamos con cara de sorpresa  y asustados por tanto problema pulmonar.

Hasta que pasé yo. Me miro en la pantalla los pulmones y me dijo que desde que edad fumaba. Yo le contesté que hacía solo un par de años y que fumaba media cajetilla al día.

El médico, medio aturdido comentaba:  ¡cómo es posible , si todos son chavales jóvenes.!

El hombre ya comenzó a extrañarse de tanto enfermo  y mosqueado, empezó a revisar el equipo de rayos X, comentándome que lo habían instalado el día anterior y eran las primeras exploraciones hacía. 

Mientras revisaba todo el equipo, comprobó que tenía conectada la toma de tierra  de manera provisional al tubo del  lavabo, tal como le habían indicado.

La curiosidad profesional me hizo comprobar la conexión,  viendo con asombro que la pinza  de toma de tierra estaba  conectada al tubo del desague del  lavabo y  el médico no se había percatado que el tubo del desague era de plástico y por tanto no hacía masa.

En cuanto le conecté la toma de tierra al tubo metálico del agua, me miró de nuevo el pecho,  y respiró el hombre tranquilo, diciendo: ”qué bien se ve ahora, carajo”.

ANECDOTARIO TELEFONICO

Redacción y relato: Juani Belchi

Situación Conferencias 009. Las telefonistas contestábamos diciendo o mejor dicho preguntando:

¿Que población desea?

El Abonado decía: Señorita que pone una conferencia con San Sebastián de España

Yo como Operadora le contesto ¿Es que esto no es España)

El Abonado contesta: ¡No! esto es un trozo de Tierra que España Tiene en Ultramar.

Estamos hablando de la época en la que las conferencias tenían que pasar por operadora sobre 1.972.